Tema del mes
Mi soledad y yo
14 de septiembre de 2026 · by Bruno
Escrita para el tema del mes: La soledad
La soledad llegó inevitablemente a mi vida. Llegó de golpe, aunque no podría decir cuándo. Al principio ni me di cuenta de que ahí estaba. La vida me mantenía distraído de su presencia. Estaba en un rincón como esperando a que volteara, a que me sentara por un rato y la reconociera.
Pero eventualmente se hace sentir, sobre todo si se queda durante mucho tiempo. La sientes en el pecho, te ahorca, te entumece. Te hace sentir que la vida pasa sin que la vivas.
¿Es que la vida necesita testigos? En parte pareciera que sí. Porque parte de lo que soy es lo que otros reconocen en mí. La soledad te hace vivir sin que nadie sepa que viviste, sin que nadie reconozca lo que estás construyendo o destruyendo cada día.
Cuando los testigos desaparecen, algo cambia. Sigues existiendo, pero desaparece parte del reconocimiento que le da continuidad a tu propia historia.
Al menos esa fue mi experiencia. Me acompañó y yo la dejé estar ahí. No sabía cómo hacer para vivir sin ella.
Pero la soledad es tan silenciosa como silenciadora. Primero apaga el mundo, y eventualmente, cada vez con más frecuencia, te permite escuchar cosas que normalmente estarían enterradas bajo un ruido social, de personas, de expectativas, de hábitos; revelando la distancia que hemos ido creando con nuestro propio interior.
Así fue como mi soledad se mostró desdoblada ante mi conciencia. Por un lado, la soledad impuesta por las circunstancias, y por el otro, la elegida por el hombre que decide escucharse sin tratar de adaptarse. Desde afuera ambas parecían iguales. En ambas estaba yo solo. Interiormente eran casi opuestas. Una te hiere, la otra te da espacio. Una te desconecta del mundo, la otra te reconecta contigo mismo.
Comencé a reconocerme como un mismo yo, construido a lo largo de la vida. Dejé de buscarme y comencé a escucharme. Pude ver por fin que el niño que leía era yo. El joven que intentó encajar era yo. El inmigrante que se sintió aislado era yo. El hombre que vuelve a escribir, también soy yo.
Hoy la soledad sigue ahí, dolorosa en ocasiones. Pero el silencio que trae ya no me atormenta. Ahora sé que la soledad es una oportunidad para escucharme a mí mismo, para participar activamente en la formación de mi propia identidad, y ser mi propio testigo, sin abandonarme, incluso cuando estoy solo.